miércoles, 23 de septiembre de 2009

UNA EXPOSICION RECUERDA EN MADRID A LOS RUSOS QUE PARTICPARON EN LA GUERRA CIVIL



Adelina Abramson, de 90 años, recuerda con coquetería como en plena guerra civil española, un soldado "de ojos azules y unas pestañas que mataban" le pidió matrimonio, pero ella tuvo que rechazar la propuesta. Corría el año 1937. Adelina tenía "17 años para 18" y había llegado a España desde Rusia, su tierra natal, para ayudar como traductora en el bando republicano. No se permitía más contacto con las tropas que el profesional, aunque Adelina tuvo más de un admirador que no se cortó en alabar sus ojos o pedirle una fotografía.

Han pasado más de 70 años y esta mujer, que conserva sus condecoraciones de guerra prendidas de la chaqueta, ha venido desde Moscú a Madrid para asistir a la exposición Los rusos en la Guerra de España (1936-1939). La muestra se alberga en el Espacio Cultural Conde Duque de la capital.

Adelina, nacida en Buenos Aires de padres rusos emigrados, habla español con deje argentino pero marcando mucho las erres en palabras como "camarada". Es una de los cinco supervivientes que quedan de los 2.105 rusos que estuvieron en España en la Guerra Civil. Y tiene una memoria prodigiosa: no se le escapan ni un nombre ni una fecha de la época. Ella, además, es presidenta de honor de AGE, asociación que lucha por la memoria republicana.

"Adelina fue uno de los miembros del cuerpo de asesores soviéticos que colaboró en la defensa de la República. Este grupo de voluntarios no tiene nada que ver con las Brigas Internacionales (unidad de voluntarios venidos de 54 países)", aclara Ricardo Miralles, comisario de la muestra, que está organizada por la Fundación Pablo Iglesias. Aunque no todos eran rusos. Había también estonios, letones, ucranianos... Pero los españoles les llamaban, de manera genérica, rusos.

En la exposición, documentada en su mayoría en el Archivo Histórico del Partido Comunista de España, se puede ver una gran imagen de Adelina vestida con una chaqueta de cuero en Albacete, en 1937. Hay más libros y fotografías que reflejan el paso de estos hombres y mujeres por España. La solicitud de asesores militares la hizo el presidente del Gobierno, Francisco Largo Caballero, al primer embajador soviético, Marcel Rosenberg. El Gobierno soviético también envió armas e instructores de vuelo, que enseñaron a los españoles a defenderse gracias a la mediación de intérpretes como Adelina.

Terminada la contienda, Adelina regresó a Moscú y vinieron los sinsabores: "Se ha perdido la amistad, el grupo de gente que luchaba por unos ideales comunes. La gente muere y las figuras históricas desaparecen". Aunque ella, positiva, se queda con lo mejor de su paso por España: "El haber tenido la oportunidad de luchar contra el fascismo". Y todavía dice que le queda mucho por hacer, como conseguir que el Gobierno español le reconozca, por su papel de intérprete en Aviación, su paso por las Fuerzas Armadas.