martes, 15 de septiembre de 2009

REHABILITAN LA FIGURA DEL ULTIMO ALCALDE REPUBLICANO DE OURENSE

Celedonia Bretaña se aferró a las cartas que recibió de su marido, el alcalde socialista de Ourense fusilado en julio de 1937, para hacer en soledad la travesía oscura del franquismo. Alimentó a sus hijos en los comedores sociales orensanos, consiguió darles estudios a base de tesón y no pagar, y recibió mientras tanto la espalda de una sociedad de provincias atenazada por la dictadura. En los peores momentos de la represión, Celedonia Bretaña les mandaba leer a los niños, a modo de pedagógica revelación, la última epístola del padre, escrita una hora antes de su fusilamiento, y les rogaba paciencia.

En esa carta, Suárez relató: "Dile a mis hijos que su padre perdió la vida no por ser ladrón ni asesino sino una persona decente, amante de todos sus ciudadanos, sin fijarse nunca en el ideal que tenían ni en su condición social (...)".

"Nunca renunciamos a nuestra ideología pero, claro, el miedo es libre: los nuestros ni nos saludaban", comenta ahora, transcurridos más de 70 años, su hija Lolita Suárez Bretaña en los prolegómenos de la rehabilitación de la figura de su padre, el último alcalde republicano de Ourense, emprendida por el Ayuntamiento con el apoyo de la Fundación Tilve, que recupera la memoria de los represaliados. "Llega tarde", lamenta Lolita Suárez, "pero, bueno, llega".

Manuel Suárez Castro, Manoliño Suárez, líder ugetista del prestigioso sindicato de canteros orensano, desde donde alcanzó la alcaldía y la vicepresidencia de la Diputación de Ourense con el Frente Popular, murió en el paredón, y cayó en olvido.

Este hombre tímido, prudente, definido como un "contemporizador tanto con sus coaligados como con sus enemigos", era un maestro de obras de resuelta personalidad que se había carteado con Pablo Iglesias, y ejercido como corresponsal de El Socialista.

Un Gobierno ilegítimo lo condenó a muerte. "Lo mataron por alcalde, por ugetista, por socialista y por masón", enumera contundente su hija. Dejó viuda y cuatro hijos cuando una ráfaga de disparos acabó con su vida en el cuartel militar de San Francisco. Una hora antes había dejado escrito que sus asesinos pagarían "en breve" semejante horror con sus propias vidas y se restauraría de inmediato el Estado de derecho. Se equivocó.

Mientras esperaba su ejecución escribió ocho cartas. Una para los suyos, "que en realidad es un testamento social", sostiene su hija tras hacerla pública, y siete para otros tantos orensanos, supuestamente amigos, con buena posición económica, rogándoles que se ocuparan de su familia. "Ni uno solo apareció jamás por casa; ni uno. Nos saludaban en la calle con un murmullo, sin mirarnos siquiera", recuerda Lolita.

A Manoliño Suárez lo persiguió el olvido tanto como el franquismo. Desde el alzamiento, permaneció tres días al frente de la alcaldía y luego, como era "muy menudo", se escondió siete meses en el cajón de las piñas de la cocina económica de su casa.

Los falangistas lo buscaban peinando los tejados de la ciudad, acosando a su hijo pequeño a preguntas y presionando a los serenos, que lo protegieron con sus llaves: "Se negaron siempre a abrirles la puerta".

Pero lo encontraron. Según consta en el sumario 598/1936, le fue imputado un delito de rebelión militar, acusado de alentar al gobernador para que pusiera todos los medios en contra de la sublevación militar y de hacer una lista con el nombre de reconocidos izquierdistas para que se les concediera licencia de armas. "Una cruel farsa", sostiene al lado de Lolita Suárez el ugetista y miembro de la Fundación Tilve Javier Quintas, estudioso de la figura de Manoliño Suárez. "Lo mataron por ser un reconocido defensor del ideario socialista y republicano".

El ayuntamiento de Ourense, que preside en coalición con el BNG el socialista Francisco Rodríguez, ha iniciado un expediente de honores para rehabilitar su figura y le concederá la medalla de oro de la ciudad. En el tríptico difundido consta, bajo el título Manuel Suárez, mártir, su "ejemplo de compromiso" y su lealtad a la República.

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