sábado, 8 de noviembre de 2008

LOS PITUFOS TIENEN YA CINCUENTA AÑOS

Los Pitufos´ han cumplido 50 años.

Su autor, Peyo, logró triunfar en el competitivo oficio de los historietistas belgas, con Hergé (´Tintín´) por arriba y Franquin (´El marsupilami´ y ´Tomás el gafe´) al lado.

El éxito le desbordó y le provocó frustraciones nuevas.

Ejemplo de tenacidad, estaba lejos de ser el mejor dibujante de su mercado pero su estilo limpio y legible mereció el respeto de sus colegas.

´Los Pitufos´ no fueron su creación favorita.

Los definía como un "feliz accidente" pero le hicieron famoso y millonario y, al cabo, se entregó a producir historias de duendes azules hasta los límites de la salud.

Diabético y enfermo de cáncer de tiroides murió de un infarto en la Nochebuena de 1992.

En su juventud se había propuesto "llegar" y desbordó ese objetivo pero murió alejado del tablero de dibujo y sin sentirse reconocido como autor.

Pierre Culliford (Bruselas, 1928) era hijo de un financiero inglés y de una walona con sensibilidad artística y creció en un ambiente acomodado hasta la temprana muerte de su padre. No le cuadró estudiar bien. Se dedicó a la publicidad, y recibió alguna que otra crítica por su trazo novato.

La decisión de profesionalizarse no fue fácil.

Su madre aún dependía de él, era un recién casado y un artista en pruebas pero ´Spirou´, la directa competencia de ´Tintín´, tenía a ´Lucky Luke´ y un talento a la altura de Hergé, Jijé, que dibujaba un western llamado ´Jerry Springs´.

Peyo llevó a ´Spirou´ las historias de Johan, un paje en un medievo de rey, castillo, bruja, humor, acción y suspense, al que pronto se unió Pirlouit, un enano enredador. ´Johan y Pirlouit´ fue la serie favorita de Peyo: fue su primer éxito y en ella nacieron los pitufos.

En 1954 ´Spirou´ vendía 108.000 ejemplares en Francia y 80.000 en Bélgica. Peyo no era una estrella pero sí un valor seguro.

1958 es el año de ´La flauta de seis agujeros´, la aventura de Johan y Pirlouit donde debutaron los pitufos.

El editor Jean Dupuis puso inconvenientes a que hablaran en ´pitufo´, temeroso de la censura de la administración francesa -más preocupada por los contenidos de las publicaciones infantiles- y que eso afectara a sus importantísimas ventas en el país.

Pero así salió.

Y fue clave en su acogida.

Peyo siguió con la siguiente historia de Johan y Pirlouit pero el redactor-jefe de ´Spirou´, Yvan Delporte, detectó en las cartas de los lectores que querían más pitufos.

Irresistibles.

Los encantadores enanitos blanquiazules eran irresistibles.

Delporte concibió un suplemento pequeño en blanco y negro, para encartar en la revista, donde se desarrollase una historia de 44 páginas y así nació ´Los pitufos negros´, primera con los duendes de protagonistas.

Delporte, más acratón que el conservador Peyo, ayudó en el guión y encajaron bien.

Fue el principio de una gran colaboración.

No fue la única.

Peyo, que escribía lento, reescribía mucho, nunca explicaba el final de la historia porque la iba construyendo sobre la marcha y usaba argumentos conocidos para invertirlos o reinterpretarlos, también dibujaba lento ("yo dibujo mal, por eso dibujo claro") y necesitaba un ayudante temporal.

´Los Pitufos´ fueron de los primeros personajes que tuvieron éxito popular en el estudio de animación TVA que abrió Dupuis pero Peyo siguió actuando como si no se diera cuenta de ello.

En 1960, Peyo era un puntal de ´Spirou´ por su obra y porque algunos autores se habían ido a una nueva revista francesa ´Pilote´, magnífica, en la que debutó ´Asterix´.

El exceso de trabajo le obligó a tener cada vez más ayudantes pero, como delegaba mal, eso no mejoró las entregas de sus páginas.

Juguetes.

Una empresa alemana estaba haciendo Pitufos en látex y se vendían muy bien.

Fue el comienzo de un despegue comercial que en 20 años llegó a alcanzar los 2.000 productos derivados.

Dupuis sacó en 1962 el primer álbum de Pitufos en color y tapa dura, privilegio hasta reservado al ´Spirou´ de Franquin.

¡Un álbum como los de Tintín! Los niños hablaban ´schmourf´ para fastidio de algunos padres y profesores.

En 1964 Peyo constituyó un estudio para su obra y un año después se rindió al éxito de los Pitufos.

´El pitufísimo´ fue la primera historia de 40 páginas.

Kellog´s introdujo figuritas de pitufos en los cereales para todo el Benelux y, después de la promoción, siguieron haciéndose y vendiéndose muy bien.

Negocios.

Más que historietista Peyo ya era un hombre de negocios.

Fumador de tres paquetes diarios y trasegador de alcohol, infartó a los 41 años.

Dejó el tabaco pero lo cambió por comida.

En 1973 Belbvisión -que había hecho películas de Lucky Luke, Asterix y Tintin- le propuso un largometraje de animación.

´La flauta de 6 pitufos´ fue un éxito pero, entregado a ella, Peyo quedó fuera de ´Spirou´ durante dos años.

El éxito le cargó de miedo a decepcionar con sus nuevas historias como había sucedido con Hergé después de su esperado retorno con ´Tintin y los pícaros´.

La enfermedad volvió a golpearle.

Una hemorragia debida a una úlcera casi le mata.

En la transfusión contrajo una hepatitis que le desguazó el páncreas y le dejó diabético.

Animación.

Los juguetes lanzaron a Peyo al mundo.

El peluche que no quería soltar la hija de Fred Silberman, directivo de la cadena de televisión NBC, llevó a este ejecutivo estadounidense a conectar con el autor belga y ofrecerle una serie de animación con sus personajes, realizada por Hanna-Barbera.

Cuando en 1981 firmó el contrato a Peyo el mundo se le quedó pequeño y la vida grande.

Los sábados por la mañana de los niños estadounidenses eran ´smurfs´ y la serie fue vista en 47 países.

Las mentalidades transoceánicas chocaron pero el dinero y el triunfo lo taparon todo.

Al cabo, los pitufos que hará en el cómics en el futuro se parecerán a los de la serie de animación.

Éxito y calidad se volvieron inversamente proporcionales y los últimos años de un Peyo entre honores, millonario aburrido en la Suiza de baja presión fiscal, recuerdan el montaje abstinente de ´Uno de los nuestros´ con el historietista dependiente de los pitufos, perseguido por la muerte y desquiciado por atender al éxito.

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