lunes, 24 de noviembre de 2008

EL CAMBIO DE PILARES DE LA CATEDRAL DE SEVILLA REVISTE UN ALTO GRADO DE DIFICULTAD TECNICA:OPERACION QUIRURGICA EN EL TEMPLO

"Fagamos una obra tal e tan grande que los que la vieren acabada nos tomen por locos". Así lo proclamaron en la Edad Media las personas que decidieron construir la catedral de Sevilla. Si creían al pie de la letra lo que decían, lo cierto es que equipararon la demencia con la maravilla, la pérdida de la razón con el estallido de la belleza. El resultado fue la catedral gótica más grande del mundo. Una mole misteriosa dotada de las características de un ser vivo.

Los trabajos para sustituir dos pilares del trascoro de la catedral -una verdadera operación quirúrgica de extraodinaria complicación técnica- han enriquecido con nuevas historias la atmósfera que envuelve este templo.

Las obras, que comenzaron en 1995 y concluirán en verano, cuentan con un presupuesto cercano a los dos millones y medio de euros, y están en el centro de una urdimbre de realidades científicas que rozan el terreno de lo legendario. El motivo de la sustitución de los pilares C4 y C5 del trascoro fue la evidente merma en su capacidad de resistencia. Tras el costoso proceso, la nueva piedra podrá aguantar hasta 300 kilos por centímetro cuadrado, cuando antes aguantaba sólo 30 kilos.

"La estructura de la catedral inspira y expira una vez al día según la temperatura con una variación de tres centímetros", explica el arquitecto Alfonso Jiménez, maestro mayor de la catedral y profundo conocedor de todos los rincones del templo y un enamorado de sus sombras y silencios. "Cuando hace calor, la catedral es tres centímetros más alta. Nuestras operaciones

[de sustitución de los dos pilares] se inician con el día para aprovechar la subida como si fuera una ola. La catedral respira una vez al día", comenta Jiménez, que cierra los ojos al contarlo con el regusto de un surfista australiano que sueña con el momento de su vida.

Los arquitectos saben que todos los materiales se dilatan con el calor. En función de su composición, unos aumentan más que otros. Así, el acero se dilata mucho. La piedra, por contra, es de los materiales que menos se dilatan. La dilatación es también proporcional al tamaño del material. Una pieza de un metro se dilata más que otra que mide medio metro. Un crecimiento de tres centímetros es perfectamente razonable en una estructura tan enorme como la de la catedral. El hecho científico da paso a la poesía de una respiración que se inició en la primera mitad del siglo XV cuando comenzó su construcción.

La cadencia respiratoria de los seres vivos es variable hasta el infinito. También hay seres que dejaron hace mucho tiempo de vivir. El templo sevillano se asemeja a ellos: "La catedral es un ser vivo gigantesco, lo más parecido a una especie de gran dinosaurio. Yo veo la catedral como una cosa inmensa, viva, que se mueve continuamente", agrega el maestro mayor.

La catedral -Jiménez recalca que es "la más extensa del mundo"- depara novedades a los conocedores más avezados. "La catedral da todos los días una sorpresa, habitualmente agradable. Nunca se acaba de conocerla", dice. El recuerdo de los arquitectos medievales y renacentistas que la levantaron y perfeccionaron se esconde entre sus claroscuros. Jiménez paladea el placer de andar solo por la catedral de noche. "Cuando estoy solo, la salida a la catedral es un momento impresionante. El aire es denso y está lleno de historia", afirma Jiménez.

La complicada sustitución de los dos pilares consta de dos fases. La primera contó con un presupuesto de 1,1 millones de euros y se extendió entre 1995 y 2006 bajo la batuta del Cabildo. En esos años se llevó adelante un proceso de estudios, zunchado (reforzamiento con abrazaderas) y apeo (apuntalamiento de una obra). La segunda fase, que es la que afecta directamente a la sustitución de sillares (piedras labradas), se inició en 2006 con el apoyo del Ministerio de Cultura. Su presupuesto se eleva a 1,3 millones de euros. Junto a Alfonso Jiménez, la dirección de obras está a cargo de los ingenieros José Luis Manzanares y Antonio Molina.

"Hemos dividido cada pilar en tres pisos y cada piso en 16 porciones. Hemos ido trocito a trocito, piso a piso", asevera el maestro mayor. Los dos pilares se construyeron hacia 1435 o 1436. El maestro Carlín dirigió la obra. Las piedras se trajeron desde una cantera de El Puerto de Santa María (Cádiz). Está previsto que las obras terminen el próximo 31 de agosto. Ese día, la catedral de Sevilla seguirá respirando como un dinosaurio de piedra..., aunque con dos nuevos pilares en el cuerpo.

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