jueves, 2 de octubre de 2008

SE HA CUMPLIDO EL 120 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL PRINCIPAL POETA INGLES DEL SIGLO XX: T.S.ELIOT

El pasado 26 de Septiembre se cumplía el 120 aniversario del nacimiento del principal poeta inglés del siglo XX, el norteamericano Thomas Stearns Eliot, nacido el 26 de septiembre de 1888 en Saint Louis (Missouri) y nacionalizado británico más tarde, tal como sucediera con otro gran nombre de las letras inglesas también nacido en Estados Unidos: Henry James.

Mientras James sigue siendo un autor de escritura tan morosa que se resiste todavía a que el lector disfrute con naturalidad de su obra, con Eliot sucede algo en cierto punto parecido y de cierto modo opuesto: su poesía es oscura, complicada, moderna pero empapada de un fuerte contenido clásico, llena de elementos sugerentes, reconocibles, que hacen que el aficionado a la poesía no se rinda ante las dificultades, sino que siga adelante con la esperanza, tan a menudo cumplida, de que el final de la lectura nos deje una huella, un pálpito, una intuición, de lo que se nos ha querido expresar, más que una certidumbre.

Pero no debe olvidarse que esa facultad para hacernos más intuir que comprender es una de las características de la mejor poesía. Y es más, el propio Eliot así pensaba sobre su propia obra como más adelante se verá.

Años de formación

Hijo de un empresario y de una dama de la alta sociedad bostoniana, Eliot tenía como antepasados a rectores de la universidad de Harvard tanto en la rama familiar paterna como la materna, así como sacerdotes puritanos muertos con fama de santidad y fundadores de escuelas y facultades universitarias. Ese componente religioso tan arraigado es algo que influirá de forma decisiva en su evolución personal y en su obra.

Con fuertes vínculos con Nueva Inglaterra, Eliot pudo en sus veraneos familiares familiarizarse con el mar y sus misterios, así como con el Mississippi de su tierra natal al que, en un verso tantas veces glosado, se referirá en estos términos: «Yo no sé mucho de dioses, pero creo que el río / es un fuerte dios pardo -huraño, indómito, intransigente, / paciente hasta cierto punto [...]». Criado en un ambiente acomodado, conocedor de la naturaleza primaria y a la vez dotado de un racionalismo propio de la fe protestante y unitaria de sus mayores, llegó a encontrar asfixiante la educación de su niñez, a la vez que anhelaba una capacidad de entusiasmo que le llevaría al cambio de religión.

Ya a los diez años escribió sus primeros versos y relatos, viendo publicados a los 17 años sus primeros poemas en revistas. El romanticismo, la aventura, el misterio, todo lo que consideraba ajeno pero por lo tanto deseable, ocupan esos textos así como sus lecturas de adolescencia hasta que entre 1906 y 1910 se desarrollaran sus estudios universitarios en Harvard. Allí sus grandes influencias serán las de sus profesores, el filósofo español Georgre Santayana que le iniciará en el clasicismo como el marco teórico para forjar una estética propia, y la del crítico literario Irving Babbit que le indicará los peligros del romanticismo y le acercará a los modelos literarios franceses. Será Dante, más allá de su interés por Baudelaire y los poetas simbolistas, quien terminará de mostrarle, ante la posibilidad de una sensibilidad unificada que respondiera y asimilara los estímulos más variados.

Una vocación inglesa

Tras una fructífera estancia de estudios en París, durante la que asiste a las clases de filosofía de Henri Bergson que también sigue un poeta español algo mayor que se llamó Antonio Machado y que le hizo asimilar ideas políticas conservadoras, y un retorno a Harvard en el que ahonda en la filosofía, además de en los textos sagrados hindúes (llegó a confesar poco después a la poetisa chilena Gabriela Mistral que había estado a punto de hacerse budista), su acercamiento a la Mística (en diversos momentos insinuaría haber vivido experiencias de ese tipo en este periodo universitario) hace posible que Eliot se sienta lo suficientemente maduro para dar el gran paso de su vida y que tendría su eco exacto en su literatura: pronto podrá confesar que es «clasicista en literatura, anglo-católico en religión y monárquico en política». A todo ello habrá que sumar otro cambio no menos significativo: ser ciudadano inglés.

Todo ello se dará en crisol de Londres a partir del verano de 1914, aquel en que se inició la Primera Guerra Mundial, en la que no participó por padecer una hernia congénita y taquicardias, y que sería también la experiencia histórica clave para Eliot, que se quedó en Inglaterra cuando su destino era precisamente Alemania a la que se dirigía para profundizar en sus estudios de Filosofía.

Allí conocerá al poeta norteamericano Ezra Pound, tal vez el mayor innovador del lenguaje poético que dieron las letras anglosajonas de ese periodo, y que será su mejor apoyo, modelo y tutor. Gracias a Pound, Eliot publica en 1915 su primer poema importante, 'La canción de amor de Alfred J. Prufrock', que llama la atención por su aire reflexivo y sus imágenes prosaicas y llamativas al tiempo: «Vamos entonces, tú y yo, cuando el atardecer se extiende contra el cielo / como un paciente anestesiado sobre una mesa».

Desdichas y destino

Es el mismo año en que comienza a conocer su propio infierno personal: el 26 de junio de 1915 se casa con Vivienne Haigh-Wood, hija de un pintor paisajista. La boda se celebra sin informar a los padres de los contrayentes. Vivien es impulsiva, hermosa, seductora, y padece frecuentes neuralgias. Eliot es tímido y reservado, con una cortesía extremada. Pronto, la pasión da lugar a las diferencias, y la separación llegará en 1933. Los avatares de esta unión dolorosa serán objeto de una película en 1994, 'Tom & Viv', en la que Willem Dafoe encarna al poeta. La boda, junto a la decisión de Eliot de afincarse definitivamente en Inglaterra, es causa de que en el curso de una breve visita a Estados Unidos su familia decida retirarle su apoyo económico. Ante el reto, recurrirá al pluriempleo y al agotamiento. Mientras por la noche escribe críticas, poemas y conferencias, será profesor de francés, matemáticas, geografía, historia, dibujo ¿y natación! en dos colegios, y también empleado del Lloyds Bank durante ocho años hasta que la editorial Faber and Faber le incorpore como miembro de su consejo editorial, cargo en el que seguirá toda su vida, debiéndose a él que se apostara por valores como Djuna Barnes, el propio Ezra Pound, Auden, Spender o Ted Hugues. Su labor crítica dará lugar a una de las corrientes fundamentales del análisis literario del siglo XX: el 'New Criticism'.

Un antes y un después

El 29 de junio de 1927, a puerta cerrada, se produce la ceremonia de conversión del poeta al anglo-catolicismo, que no es sino lo que conocemos como anglicismo. En noviembre, renunciará a la nacionalidad norteamericana para adoptar la inglesa. Es su conversión religiosa la que marca la frontera definitiva en su vida y obra: antes de la misma, Eliot era irónico, rebelde, frío, incisivo y exigente. La cumbre de esta etapa es su poema largo 'La tierra baldía' (1922), una composición de 434 versos, obra maestra absoluta y que describe aterradoramente el mundo que había dado lugar a la Primera Guerra Mundial.

Denso, enigmático, intenso, el poema es un calidoscopio de citas y referencias, que abarca a 35 autores empleando seis idiomas distintos. El propio Eliot confesaría en 1963 que «en 'La tierra baldía' ni siquiera me preocupé de si entendía lo que decía». Y en otro lugar apuesta por una lectura intuitiva que funciona igualmente con esta cumbre de las letras universales: «El lector más experto no se preocupa de entender; no, por lo menos, al principio. Sé que parte de la poesía de la que soy más devoto es aquella que no entendí en su primera lectura; por otra parte, es poesía que aún no estoy seguro de entender, como me sucede con Shakespeare».

Si 'La tierra baldía' es su infierno, 'Cuatro cuartetos' (1935-1942) es su paraíso. Antes, en 'Los hombres huecos' (1925) y 'Miércoles de ceniza' (1930), había representado su purgatorio. 'Cuatro cuartetos', que se inspira en lugares de su vida personal o familiar relacionados con la fe, es un libro perfecto. Aquí, Eliot alcanza su cumbre y propone una visión sacralizada de la realidad, un ejercicio riguroso de reflexión, interiorización y expresión.

Baste para dar una idea de la trascendencia y belleza de esta obra el final del último de estos cuartetos, 'Little Gilding', que plasma el espíritu del autor: «No cesaremos en la exploración / y el final de nuestro explorar / será llegar a donde empezamos / y conocer el lugar por vez primera. A través de la desconocida y recordada puerta / cuando lo último que quede en descubrir en la tierra / sea lo que era al principio; / en el nacimiento del río más extenso / la voz de la oculta cascada / y los niños en el manzano / desconocidos porque no los buscábamos / pero oídos, semi oídos, en la quietud / entre dos olas del mar, / de prisa ahora, aquí, ahora, siempre. / Una condición de simplicidad completa / (que cuesta nada menos que todo) / y todo irá bien y / toda clase de cosas irán bien / cuando las lenguas de llamas se enlacen / en el coronado nudo de fuego / y el fuego y la rosa sean uno».

Imagen y fama

Las imágenes lo muestran siempre pulcro, correctísimo y casi anónimo. Javier Marías, analizando una fotografía de nuestro poeta, ha sabido ofrecer un retrato que plasma a la perfección la personalidad de aquel hombre tan gris y ordenado siempre: «El rostro de Eliot podría muy bien ser el de un ensayista, por no decir, haciendo trampa, el de un empleado de banca, ya que sabemos que eso es lo que fue. Es un hombre que lleva lustros peinándose de la misma manera, y no le importa en absoluto que el cabello tan planchado le acentúe las orejas de soplillo, ya que es consciente de que son lo que da singularidad a su cabeza. Se trata de un individuo perfeccionista y meticuloso, y no le cuesta esfuerzo mantenerse tan pulcro, es sólo la costumbre. Tiene la mirada confiada y serena de quien apenas alberga dudas sobre el orden del mundo, porque esencialmente está de acuerdo con él y contribuirá a mantenerlo. Sin embargo, el conjunto de ese rostro exhala una extraña esperanza, casi vehemente, y por eso podría tratarse de un inventor».

Justamente la certidumbre de estar en el recto camino hizo que además de sus creencias religiosas, sus ideas políticas fueran firmes y esperanzadoras. Ya en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, apostó por un nuevo modelo de sociedad que se basara en lo más puro del cristianismo, a la vez que llamaba por salvar la cultura de las tentaciones deformadoras que proponían las dictaduras fascistas y comunistas. La moral, vista desde la eternidad, estaba en la base del pensamiento social de Eliot.

Aunque vivió con el temor de no poder superarse a sí mismo tras la publicación de 'Cuatro cuartetos', algo que sus irregulares obras teatrales corroboran a excepción tal vez de 'Asesinato en la catedral' (1935), el Premio Nobel de Literatura, concedido en 1948, terminaría por hacerle justicia. Aunque ya en fecha tan temprana como 1933 un suelto del 'Chicago Daily Tribune' decía de él, visionariamente, que era «el ídolo de los literatos más jóvenes de Europa y está considerado por muchos como el mayor poeta inglés viviente». Su fama tras el Nobel llevaría a escenas como la producida en la Universidad de Minnesota en 1956, cuando 14.000 personas asistieron a una conferencia suya.

Una vez fallecida en 1947 su esposa, de la que sólo tuvo la separación pero no el divorcio, se casó por segunda vez en 1957 con Valerie Fletcher, que había sido su secretaria en Faber & Faber. Los ocho años que le quedaban de vida al poeta fueron los más felices de su existencia. Fumador habitual, lo cual le hacía residir durante temporadas en climas cálidos por prescripción médica, morirá el 4 de enero de 1965 en su residencia londinense. Su amigo y mentor, Ezra Pound, octogenario, asistió a los funerales en la Abadía de Westminster. Allí formuló un deseo, una orden, que sigue plenamente vigente: «La suya era la auténtica voz dantesca -nunca suficientemente reconocida- [...]

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