domingo, 21 de septiembre de 2008

LA EXPOSICION EN TRANSICION CONTINUA COSECHANDO EXITO DE PUBLICO Y CRITICA

Hechos. Conciencia. Memoria. El relato observa cabalmente esta tríada y narra hasta el 9 de noviembre una historia singular en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, ahora denominado Teatro Fernán Gómez Centro de Arte, en la plaza de Colón. Su título es En transición y ofrece una mirada insólita sobre los cambios sociales que preludiaron el cambio político histórico registrado en la península ibérica, Portugal incluido, hace ahora tres décadas.

La perspectiva es inédita pues la primacía en la interpretación de lo sucedido en aquellos trepidantes años ha sido casi siempre abducida por la clase política, recelosa a la hora de admitir un protagonismo distinto del suyo, evidente desde luego, pero ni mucho menos único en la determinación de los hechos.

Precisamente, la exposición pone de manifiesto que fue la sociedad civil española el motor más eficaz de aquella transformación democrática que, tras siglos de declinar político incesante, llevó a España a poder mantener la mirada alta frente a sí mismo desde entonces hasta nuestros días.

El relato de la exposición comienza con la frase "atado y bien atado" con la que el dictador Francisco Franco, en su discurso de fin de año de 1969, pretendía sellar para siempre el horizonte político español con su infame lacre totalitario.

Unos meses después de aquel dicterio, entre el 17 y el 21 de febrero de 1971, el Consejo Nacional del Movimiento, sanedrín máximo del franquismo, celebraba una reunión a puerta cerrada, recreada ahora, treinta años después, con las actas recobradas de aquel akelarre político.

El visitante puede pues escuchar a un consejero, doblado por actores, gritar al Consejo que prefiere "una religión sin sacerdotes que sacerdotes sin religión", en referencia a la actitud de algunos curas obreros fundidos entonces con los intereses de sus parroquianos proletarios.

Con cerrazón sorprendente ante los vientos de cambio que soplaban fuertemente desde los hogares, las aulas y las fábricas, el Consejo del Movimiento llegó a escuchar en esas jornadas que "los españoles (casi todos) cantan el Cara al Sol (himno falangista)", mientras tanto, en las calles, decenas de miles de mineros, transportistas, metalúrgicos o albañiles paralizaban consecutiva o simultáneamente ramas enteras de la producción, la policía "no puede abandonar los campus universitarios (sic)" y el autócrata decretaba estados de excepción que suprimían la debilísima trama de derechos individuales que su régimen avaramente consentía.

Bajo los rótulos Huelga; Comisaría; Escuela; Asociaciones de Vecinos; Núcleos de convivencia; Escena musical; Psiquiátrico; Autonomías y Representaciones, la exposición repasa el bastidor social sobre el cual pivotó la transformación política en clave democrática experimentada, no sin efusión de sangre, por el país entero.

Concretamente, en el ámbito llamado Comisaría se exhiben hasta 400 clichés fotográficos en negativo de otras tantas personas fichadas por la policía política franquista.

"Dan ganas de averiguar si uno mismo está entre ellos", señala Pablo, de 59 años, quien insiste en que un amigo suyo, de nombre Agustín, compañero de facultad, se ve allí retratado.

Difícil confirmarlo puesto que, por la ley de Protección de Datos, los comisarios de la muestra han observado exquisitamente el anonimato de los retratados, cuyas fechas de nacimiento y apellidos han sido ocultados. En un estrado contiguo se expone la silla donde se fichaba a los sospechosos mientras una ristra de estadillos cataloga por igual como delincuentes a homosexuales, mujeres que han abortado o meros consumidores de estupefacientes.

Enrique Ruano

Apartado esclarecedor de las transición en Madrid lo constituye el relato gráfico del caso del estudiante madrileño de Derecho, Enrique Ruano, vecino de la calle de Conde de Aranda, detenido por la Brigada Político-Social en su domicilio, allí tiroteado y posteriormente, muerto por defenestración desde un quinto piso.

Se exhibe asimismo lo publicado entonces por el periodista-confidente policial de un matutino madrileño sobre su asesinato, que tildaba de "suicidio", mientras publicaba un diario íntimo sin consentimiento alguno. Los autores de aquel crimen fueron exculpados por la ley de Aministía de 1977, recuerda una cartela de la exposición.

Otro registro específicamente madrileño es el capítulo dedicado al movimiento vecinal, con una filmación de Tino Calabuig sobre la lucha ciudadana en Orcasitas y el barrio de San Blas.

El hoy veterano y dirigente en activo del barrio meridional, Félix López Rey, surge ante la cámara con treinta años menos y un divertido gracejo.

Con él sazona su narración sobre cómo la asamblea vecinal de Orcasitas iba poco a poco erradicando el chabolismo en el que se hallaba sumido el barrio, arrancando agua, luz, viviendas y calles a un régimen como el franquista que, pese a su demagogia paternalista, había abandonado urbanísticamente a la suerte de los especuladores gran parte de la periferia obrera madrileña, considerada "desafecta": San Blas, Vallecas, Entrevías, el Pozo del Tío Raimundo, Usera, Villaverde...

Del mismo modo, con una copiosa y selecta documentación fílmica y testimonial, se hace eco de los cambios sociológicos operados puertas adentro de los hogares y protagonizada por amas de casa, tejedoras, lesbianas, homosexuales y en las calles, también por educadores, artistas, psiquiatras, abogados, médicos o actores.

Aquella generación de la transición fue la heredera de un legado de luchas obreras, campesinas, estudiantiles e ideológicas de generaciones anteriores, que no pudieron saborear el néctar de la libertad, si bien su contribución resultó imprescindible para logarla.

Organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, cuya nueva presidenta es Soledad López, que sustituye a José García Velasco y producida por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, con Joseph Ramoneda en su dirección, la exposición ha sido comisariada con sabiduría y elegancia por Manel Risques, Ricard Vinyes más Antoni Marí y coordinada con desenvoltura por Cira Pérez.

El despliegue documental aplicado es formidable, como revela la recuperaciòn de una película perdida sobre el montaje del Marat-Sade de Adolfo Marsillach; la maqueta cinematográfica de la Operación Ogro, sobre el atentado contra el almirante Luis Carrero Blanco mano derecha de Franco; la correspondencia familiar de Salvador Puig Antich, con una instalación alegórica de Joan Brossa, o una carta a su madre de Juan Paredes Manot, sentenciados a muerte en distintos juicios sumarísimos; la carta de Picasso contra el traslado del Guernica a España mientras Franco viva ... Los visitantes pueden formular sus preguntas, que se filman, y serán respondidas en un acto abierto el 5 de noviembre próximo, cuatro días antes de la clausura de la muestra.

Todo lo expuesto rehace de manera interesante, amena y respetuosa la tríada que conecta los hechos históricos, la conciencia y la memoria.

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