sábado, 16 de agosto de 2008

UN FUNCIONARIO SALVO PAPELES CLAVES EN LA RECONSTRUCCION DE LA REPRESION FRANQUISTA DURANTE 24 AÑOS

Cuando el Ministerio de Justicia ordenó "purgar" los archivos judiciales en 1960, Arturo Carrasco Sánchez (Los Marines, Huelva, 1934) llevaba menos de un año como auxiliar en el juzgado de Valverde del Camino (Huelva). Le había bastado, sin embargo, para leer muchos de los expedientes de responsabilidades políticas que se conservaban allí. Con aquellos legajos se podría reconstruir la represión franquista en 14 municipios de la comarca minera de Huelva, una zona muy castigada por su activismo sindical y político. Aquellos papeles permitían saber a quiénes se había desposeído de bienes, a quiénes se había enviado a la cárcel, a quiénes se había enviado a la muerte. Arturo Carrasco, hijo de Venancio Carrasco, un concejal republicano encarcelado, decidió desobedecer la orden cuando el juez le encargó que seleccionase los papeles: "El destino era quemarlos o reciclarlos para hacer papel. Sé que podría haber ido a la cárcel, pero quería guardarlos".

Como el mejor escondite es el más evidente, Carrasco los camufló bajo ejemplares del BOE en el mismo archivo del que deberían haber salido. "Tenía que entregarlos a un camión enviado por el ministerio, pero sólo les di los de pleitos civiles y asuntos penales. Los políticos los incluí en la lista como entregados y los escondí". Y allí, en la sede judicial, estuvieron hasta que murió Franco y nació otra época. "A nadie se le ocurrió mirar esas cosas".

El funcionario, que fue concejal en la primera corporación democrática por la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), sacó los legajos de las catacumbas en 1984, cuando su valor histórico se había acrecentado también por su excepcionalidad. Informó al juez y al alcalde, que decidieron depositarlos en la Casa de la Cultura. Ahí siguen. Gracias a ellos, el historiador Francisco Espinosa ha dispuesto de un material extraordinario para saber qué ocurrió en la comarca minera tras el triunfo de Franco. Entre los expedientes no figura el de Venancio Carrasco, que se enfrentó a un Consejo de Guerra en otra localidad. Su hijo se jugó el tipo para conservar los documentos de otros porque en el futuro impedirían falsear la historia.

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